02 julio, 2016

Travel: as much as you can.


Toda la vida he sabido que me encantaba viajar.
Pero este año ha sido uno diferente. Un año en el que he tenido que salir de mi casa para enfrentarme a la vida yo sola, con todo lo que eso suponía.
Y precisamente, ese, ha sido el comienzo de los viajes por mi cuenta.
Siempre había viajado con familiares, pero este año he descubierto que viajar es siempre una buena idea, da igual que las condiciones meteorológicas no sean las esperadas, da igual que vayan apareciendo obstáculos en el camino. Da igual.

Viajar te da unas experiencias que por mucho que puedas contar a la gente lo maravilloso que ha sido el viaje, no podrán entender, porque es una experiencia tuya. Y eso es lo que más me gusta. El volver con el sentimiento de que he formado parte de algo que no olvidaré.

Además, en mi caso, viajar me da la oportunidad de fotografiar las diferentes perspectivas y zonas del mundo. Mi mayor hobbie es la fotografía, que hace dos años retomé gracias a una amiga, y desde entonces estoy más inmersa en ella que nunca. Puedo hacer mejores o peores fotos, pero las que elijo como buenas para publicarse son una parte de esa ciudad o sitio que cada vez que las vea a mí me llevarán de vuelta al momento en el que la hice.

Por eso, ésta ha sido la foto que he elegido como primera para reinaugurar este blog. Y ésta es la historia que tiene detrás.

Es un amanecer contemplado desde un avión a muchos kilómetros de altura.
Un momento que no todo el mundo tiene la oportunidad de contemplar, y una manera totalmente diferente de ver un amanecer.

Dicen que las personas estamos formadas de pequeños momentos que guardamos almacenados en nuestra memoria.
Yo guardo ese amanecer contemplado desde encima de las nubes como uno de esos pequeños momentos que todas las personas deberían ver alguna vez en la vida.
Y a ese amanecer yo le hice una promesa: no importa cuándo, lo volvería a ver, y lo volvería a fotografiar







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